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lunes, 2 de abril de 2007

La Gran Vía (II)

Se inician las obras

La Gran Vía nace de una necesidad de un eje de comunicación este-oeste salvando las tortuosas calles del centro de una ciudad que empezaba a crecer pero que había sido concebida prácticamente como un pueblo.

La idea rondó muchos años, pero la solución no era fácil. La ciudad ya estaba montada y hacer una gran avenida central significaba sacrificar barrios que debían quedar partidos en dos y el derribo de manzanas completas con el coste social que ello suponía.

El primer proyecto que se diseñó para esa gran arteria que se quería empezar a construir,
data de 1862 a cargo del Ayuntamiento. En este proyecto, se pretendía unir inicialmente la
calle Preciados con la calle Alcalá y más adelante con Plaza de España. Aunque se llegaron a expropiar terrenos, no llegó a prosperar.

En 1886 hubo otro proyecto más parecido al actual en el que el trazado ya iba desde Alcalá a Plaza de España pero más al norte de lo que es en la actualidad. Pero aunque este proyecto también fracaso, sí que consiguió dar nombre a la zarzuela La Gran Vía con música de Federico Chueca.

Ya en 1898, sobre el anterior proyecto se actualizó y en 1901 se dejó definitivo, por lo que ya parecía que iba a nacer finalmente la Gran Vía. Pero aun con el proyecto más o menos definitivo, hubo cambios sustanciales. Inicialmente la calle iba a tener un ancho de 20 metros y se amplió a 25, aunque finalmente llegó a 35.

Una vez aprobados dichos proyectos, los problemas vinieron por cuestiones de financiación. En principio los concursos quedaron desiertos y no se adjudicaron hasta 1909 por 29 millones de pesetas.Y gracias al alcalde, el Conde de Peñalver y su apuesta firme por el inicio del proyecto, finalmente se pudo dar el empujón final para el inicio de las obras.

Ya finalmente, siendo alcalde Francos Rodríguez, el 4 de abril de 1910 se inauguraron las obras contando con la presencia del rey Alfonso XIII y la familia real. La inauguración se llevó a cabo en una tribuna situada en lo que hoy es la esquina de Alcalá con Gran Vía. El acto consistió en golpear una casa adjunta a la iglesia de San José y fue la primera de las cientos de casas que hubo que derribar en todo el periodo que duraron las obras.

Como curiosidad, el primer albañil que inició el derribo y los trabajos de esta gran obra se llamaba Álvaro Guadaña.

Pues las obras ya estaban en marcha y no muy diferente a la actualidad, fue tortuoso su progreso. La zona se convirtió en una auténtica pesadilla para los vecinos. Charcos, escombros, barro, polvo, calles cortadas. Lo único que entonces duraban bastante más que ahora, los periodos electorales no tenían el peso que tienen en la actualidad.

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domingo, 11 de marzo de 2007

El Metro de Madrid (II)

Metro de Madrid. Plaza de España"Madrid es una sorpresa indescriptible. A la salida del Metro, por diferentes estaciones -Opera, Banco de España, Bilbao, Ríos Rosas, Carabanchel- descubrimos sobre el azul del cielo, acacias y cornisas; maravillosos puestos de aromáticos cigarrillos y molinillos de papel; la tienda de lona que guarda una gran pirámide de melones; el río loco de trepidantes automóviles; la terraza del aguaducho; el gran escaparate repleto de mermeladas Made in England.


El Metro nos lleva a través de las entrañas luminosas de la ciudad. Centenares de madrileños, con los ojos cargados aún de sueño, se dirigen al trabajo. Madrid está aquí expresado en una abrumadora diversidad laboral: chapistas, fresadores, hombres de negocio, médicos, comerciantes, abogados, universitarios, vendedores de grandes almacenes.

En las galerías se remansa el silencio. Dentro del tren cada cual pìensa en su problema, o lee con avidez las noticias de la Prensa, que aun retinta, mientras el Metro se dispara alegre por la tierra abierta bajo fuentes, rascacielos y ríos."

Así comienza el libro: "El Metro de Madrid. Medio siglo al servicio de la ciudad. 1919-1969" de Marino Gómez-Santos. Este libro cayó en mis manos después de conocer a una persona ya fallecida que había sido ascensorista de los ascensores que había en la parada de Metro de "José Antonio" en la Red de San Luis en la Gran Vía. Fueron infinidad de historias las que contaba del Metro, y de su trabajo que aunque pareciera poco apasionante, el cruzarse con miles de personas al día, me figuro que hacía que pudiera ver toda la "fauna" que transita cada día por nuestras calles y sus interiores.

La Historia del Metro de Madrid es larga. Hasta que vio la luz en 1919, fueron muchas las visicitudes por las que tuvo que pasar. Financiaciones, permisos, paralizaciones de obra. Toda una aventura para acabar creando una de las redes de Metro más extensa y moderna. Todo esto y más veremos en esta Historia del Metro que se inicia en esta serie.
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sábado, 10 de marzo de 2007

La Gran Vía (I)

Calle Gran VíaPor la Gran Vía, siempre es una sorpresa pasear. Puedes ver innumerables cosas diferentes de un paseo a otro. Tan clásica, pero tan cambiante. Y a pesar de no ser una de las calles más antiguas de Madrid, lo cierto es que ha conseguido una identidad propia. Cosmopolita y algo decadente. Sin una personalidad propia, es un intento de calle de alto copete pero con mucho falsete en su interior.

Tuvo un parto muy difícil, ya que para nacer, tuvo que hacer desaparecer varios barrios. El parto fue largo, muy largo. Nos quejamos de las obras actuales, pero ahora sabemos que todas quedan acabadas antes de las elecciones, entonces, duraban décadas. También tuvo una adolescencia complicada, que como el acné en los jóvenes, llenó de cráteres su piel por los proyectiles que recibía desde el cerro de Garabitas en la Casa de Campo durante la Guerra Civil. Maduró muy dignamente convirtiéndose en una elegante calle, superando todos sus complejos de infancia y juventud y llegó a codearse con lo más elegante de la sociedad de su época. Aunque es cierto que en su periodo de madurez, camuflaron su nombre por otro de infausto recuerdo. En la actualidad, aunque mantiene una actividad frenética, envejece sin el justo reconocimiento de su época dorada. Van apagándose todas sus luces, va perdiendo su maquillaje, pero ahí sigue, manteniendo su altiva compostura, sabiendo la importancia que tiene y haciéndose imprescindible como arteria de suma importancia para la ciudad.

Se resiste a decaer, pese a que los intereses comerciales quieran cambiar su intimidad. A pesar de todo, debe ser una de las calles más concurridas de Madrid. Y aunque la llaman “calle” en vez de avenida, mantiene esa grandeza de su nombre y da para escribir mil y una historias sobre ella.

Como sucede la serie que he iniciado sobre el Metro de Madrid, la Gran Vía, da para iniciar otra serie que irá completándose poco a poco. Permanezcan atentos a su receptor.

jueves, 1 de febrero de 2007

Adiós al cine Avenida

Gran Vía. Cine Avenida

Anoche pude oír en el telediario que el cine Avenida de la Gran Vía iba a desaparecer como cine para pasar un centro comercial más en una calle que antes era tradicionalmente la avenida de los cines y ahora va a ser tradicionalmente la calle de los centros comerciales.

La verdad que es triste escuchar estas noticias, sobre todo cuando se ve, que la mayoría de los cines que había en la Gran Vía han ido desapareciendo o sufriendo grandes transformaciones que hacen que poco se parezca a la situación original. Evidentemente entiendo la visión empresarial que hace cambiar la finalidad del cine independientemente de la tradición. Si es verdad el dato que dieron, de sólo un 9% de ocupación, se comprende la situación. ¿No podrían tratar de reconvertir los cines en teatros de musicales y concentrar todos los que hay en Madrid en la Gran Vía? Una especie de Broadway en Madrid.

Pero el cine que ahora desaparece tiene una historia. Ocupa el número 37 de la Gran Vía. Se construyó entre 1927 y 1928. Se inauguró como teatro en 1929 y fue convertido en cine en los años 40. La decoración que mantiene a día de hoy es la misma que la original, con escaleras y balaustradas de mármol, lámparas de araña, techos recubiertos de espejos labrados, vidrieras de colores...

Posee dos salas y en alguna ocasión se ha utilizado una para proyectar cine y otra como teatro.

El patio de butacas, que cuenta con 600 asientos, tiene forma de embudo por lo que permite el visionado correcto de la película desde cualquier punto. No obstante la distancia entre fila y fila no lo hace especialmente cómodo. Y las primeras filas, como en todos los cines de este tipo y época pueden acabar con alguna tortícolis.

Pero ahora este cine se nos va. La Gran Vía pierde una sala más. ¿Cuánto más va a cambiar la Gran Vía?